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Pero vamos a hacer un poco de historia. El 19 de julio de 1794, la Convención francesa recibía el primer telegrama de la historia, y en él se anunciaba la toma de las plazas fuertes de Landrecies y Condé por parte del ejército republicano francés, que estaban hasta entonces en manos de las fuerzas austríacas. y fue transmitido desde Lille hasta París a lo largo de una línea telegráfica óptica de 230 km. con 22 torres, estando situada la última en la cúpula del Louvre. Fue Claude Chappe quién en 1790 concibió un sistema de señales ópticas, a través de las cuales y del correspondiente código, se pudieran transmitir signos alfabéticos y numéricos a una cierta distancia, y para perfeccionar su sistema contó con la colaboración de un relojero suizo residente en París, Abraham Louis Breguet. 1 El éxito de una primera línea de prueba hizo posible la realización de una completa red de telegrafía óptica en Francia que alcanzó unos 5.000 km. hasta que llegó la telegrafía eléctrica. |
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Hacia 1830 surgió un nuevo impulso y fue Juan José Lerena el encargado de instalar una red telegráfica entre Madrid y los Sitios Reales, construyéndose en ese año la que unía Madrid con Aranjuez, con torres intermedias en la ermita del Cerro de los Ángeles y en el Cerro de Espartinas, cerca de Valdemoro. En julio de 1832 se estableció la línea Madrid-San Ildefonso con torres intermedias en Hoyo de Manzanares, Cabeza Mediana y en el puerto de Navacerrada. A partir de 1840 se registró otro nuevo impulso y se previeron tres líneas, una desde Madrid a Irún pasando por la Granja de San Ildefonso (Segovia), Valladolid, Palencia, Burgos, Vitoria , Tolosa, San Sebastián y finalmente Irún. Una segunda desde Madrid a Cádiz pasando por Toledo, Ciudad Real, Córdoba y Sevilla, y una tercera desde Madrid a la Junquera pasando por Aranjuez, Ocaña, Albacete, Almansa, Valencia, Castellón, Peñíscola, Vinaroz, Tarragona, Barcelona, Gerona y Figueras. Se previeron otras siete líneas más, pero solamente se construyeron las tres citadas anteriormente. La primera establecida fue la de Madrid a Irún, ordenándose su construcción por una Real Orden de 29 de Septiembre de 1844 y entró en servicio el 2 de Octubre de 1846. Se componía de 52 torres, teniendo la cabecera en al cuartel de los Guardias de Corps (conocido hoy día como Cuartel de Conde Duque), aunque en 1848 se construyó la torre de la Casa del Correo, en la Puerta del Sol, pues este edificio albergó el Ministerio de la Gobernación, del que dependía el Telégrafo, y era el destinatario mayor de los comunicados que se cursaban. La segunda torre estaba en Aravaca, la tercera en las Rozas, la cuarta en Torrelodones, llamada Navalapiedra (antiguamente llamada las Tejoneras), puede verse perfectamente conservada cerca de Torrelodones. La quinta torre denominada Monterredondo en Moralzarzal y la sexta en el puerto de Guadarrama. Es curioso que se llamara de Monterredondo y no de Cabeza Mediana (Monterredondo es una parte del monte Cabeza Mediana que da a la zona de Collado Mediano hacia los Bálagos y las Salineras). Además constaba como ubicada en término de Moralzarzal, estando en realidad en terreno perteneciente a Collado Mediano, aunque siempre la hemos considerado como perteneciente al pueblo de Moral (está a unos 50 metros de la linde). Era esta primera línea la denominada línea de Castilla, y sirvió también desde Madrid a Monterredondo para comunicar telegráficamente con el Real Sitio de San Ildefonso. Desde la torre de Monterredondo (nuestra torre del Telégrafo) se comunicaba con la del Telégrafo, al oeste del puerto de Navacerrada y al este de Siete Picos; ésta con la de Matabueyes y ésta con la de la Granja en el mismo San Ildefonso. La segunda línea fue la de Cataluña por Valencia, pero solamente funcionó a pleno rendimiento entre Madrid y Valencia a través de 30 torres, aunque también funcionaron los tramos Valencia-Castellón , Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca. La tercera línea construida fue la de Andalucía, con 59 torres y comenzó a funcionar por tramos teniendo torres en capitales como Toledo, Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. También había torre en Aranjuez, siendo el tramo Madrid-Aranjuez el de mayor frecuencia de uso por las estancias prolongadas de la Corte en esta ciudad. |
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Desde la torre hay conexión visual con la que hay en Torrelodones, en dirección Sureste y en dirección Norte con el monte del Telégrafo que hay al lado del puerto de Navacerrada. Las torres se concibieron como fortalezas debido a la época turbulenta en que se construyeron y a que se establecían fuera de los pueblos y en parajes solitarios. Eran de gruesos muros, por lo que muchas han aguantado más de 150 años a la intemperie, y concebidas con la puerta de entrada a unos dos metros del suelo, de tal modo que el acceso al interior se hacía por medio de una escalera que se echaba desde dentro. También disponían de aspilleras para facilitar su defensa. Las torres, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, serían de 7 m. de lado y 12 de alto y debían estar separadas unas de otras 2 leguas como mínimo y 3 como máximo. Una menor distancia suponía construir más torres, lo que implicaba mayor coste y una mayor distancia suponía una dificultad mayor para divisar la torre contigua, anterior o posterior, con los medios ópticos de aquella época. Constaban las torres de 3 plantas cubiertas, y sobre la cubierta superior, que era plana, se ubicaba el telégrafo. Desde la tercera planta se manipulaban los controles del telégrafo situado encima. Se construían esencialmente de mampostería y ladrillo, y a veces estaban encaladas o enfoscadas y pintadas de ocre. Todas las torres son prácticamente idénticas, aunque se pueden apreciar diferencias en las técnicas de construcción en las que aún quedan en pie, dependiendo de la disponibilidad o no de los distintos materiales en la zona en que se construyeron, o al criterio de los encargados de construir el edificio. Disponían de un patio o cerca hecha de piedra desde el que se accedía por la escalera que descolgaban desde el interior de la torre, como se puede ver en las fotos siguientes. |

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En un pricipio, como la utilización del telégrafo era de uso militar y policial, unido a las circunstancias adversas en las que se tenía que prestar el servicio, dieron lugar a una organización tipo militar, y dentro de esta organización hubo distinción entre la clase que podemos llamar superior (como mandos y oficiales en el ejército) y la clase inferior (como la la tropa dentro del ejército). El personal de la clase superior se encargaba de la planificación, dirección y construcción, y la clase inferior se encargaba del resto de funciones diarias que se desarrollaban en las torres, realizando estas labores los ordenanzas, los torreros y los oficiales de sección. Como la mayor parte del personal provenía del ejército, en la escala superior o facultativa, se les designaba con grados militares, y así había brigadier jefe de línea, coronel inspector y comandantes de línea, todos ellos procedentes de la oficialidad del ejército. La clase o nivel inferior se constituyó con personal licenciado como sargentos, cabos y soldados. La paga que recibían los del nivel inferior, además de no ser gran cosa, llegaba a veces con demasiado retraso, lo que hacía que los medios económicos de los que podía disponer ese personal resultaban escasos para poder satisfacer sus necesidades, con lo que era bastante corriente que compraran al fiado, motivo por el que había ocasiones que propiciaron algunos abusos, y prueba de ello es la carta que se puede ver a continuación de estas líneas, dirigida por Antonio José Maya al Director General de Telégrafos, quejándose de no cobrar los suministros que se había llevado un empleado de la torre. |
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En la foto de la izquierda se ve un aspecto general de la torre cuando se va llegando a ella desde el Norte, p.e. desde Moralzarzal y en la de la derecha se puede comprobar en la fachada Sur ya enfoscada, el hueco de la puerta de entrada, en el primer piso y una hoja de la puerta preparada para su colocación. |
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En la foto de la izquierda se ve un aspecto general de la torre cuando se va llegando a ella desde la zona Norte y en la de la derecha se puede comprobar en la fachada Sur con el hueco de la puerta en la primera planta. |
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Una cosa he apreciado, y es que no han hecho el patio exterior que había en esta fachada sur, y que se ve en unas fotos mostradas arriba (en este apartado de la torre telegráfica), donde se ve la torre de Hoyo y la foto pequeñita del año 1951. |
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La estructura, a diferencia de las que había en otras torres, es doble, porque consideraba el inventor que así se facilitaba la observación desde cualquier punto desde el que se avistara, aunque como no era telegrafía militar, siempre se vería desde puntos fijos, que eran la torre anterior y la posterior. En nuestra torre si era aprovechada esa característica puesto que hacía su labor dando servicio a dos líneas, la de Irún y la que iba al palacio de la Granja en San Ildefonso (Segovia), lo que suponía que eran tres puntos desde donde se avistaba, la de Navalapiedra en Torrelodones, la del puerto del León en la línea de Irún y la del Telégrafo al oeste del puerto de Navacerrada en la línea a San Ildefonso. La estructura estaba compuesta por 8 barras metálicas dispuestas verticalmente en los vértices de dos cuadrados paralelos, uno en el interior del otro, con las barras del cuadrado interior más largas que las del exterior. En el hueco formado por las cuatro barras interiores se deslizaba verticalmente un tambor o cilindro hueco llamado indicador, y entre cada barra exterior y su correspondiente interior había tres franjas separadas una de otra por una distancia triple de la longitud del tambor. La barras exteriores tenían una longitud de 5,80 m., las interiores eran de 6,30 m. y el tambor indicador era de 46 cm. de alto y de unos 91 cm. de diámetro. A un lado se encontraba una bola que se podía desplazar verticalmente y dependiendo de su posición respecto de las franjas indicaba un código relativo al servicio de la línea. La posición del cilindro indicador también marcaba un código pero relativo a la información a transmitir. En las fotos que siguen se ve lo dicho anteriormente. ![]() El funcionamiento para transmitir los códigos era el siguiente: Si el indicador estaba por debajo de la franja inferior, el código correspondiente era el 0, si estaba tangente por debajo de esa franja inferior, el código era el 1,si coincidia con la franja inferior el código era el 2, si estaba tangente por arriba de esa franja inferior, el código era el 3, si estaba en la zona intermedia entre esa franja y la de arriba de ella, el código era el 4, y así hasta el 9. Se pueden ver en el dibujo que sigue, los códigos según la posición del indicador respecto a las franjas. El código m indicaba error y el x indicaba repetición. Había una decimotercera posición que era bajar el indicador de manera que no fuera visible desde las torres adyacentes y se empleaba para separar dos signos o dos frases, era conocida como arriada en el argot telegráfico. El movimiento arriba o abajo del indicador lo conseguía el torrero mediante un dispositivo llamado volante, una polea graduada que manejaba a mano desde el interior de la torre y por medio de un conjunto de poleas hacía que fuera sencillo y sin ningún esfuerzo el poder subir o bajar dicho indicador. La bola, según se ve en el dibujo, se subía o bajaba y dependiendo de su posición respecto de las franjas, frente a una de ellas o en el espacio intermedio, marcaba uno de los seis casos posibles, y correspondía con el envio de información relativa al servicio o al estado de la línea, como era p.e. avería, niebla a vanguardia, interrupción del mensaje por venir otro de mayor categoría o prioridad, ...Se llamaba vanguardia a la torre a la que se enviaba un mensaje y retaguardia la torre del que procedía. ![]() Los mensajes, como ocurre en la actualidad en la transmisión de la información, y pongo por ejemplo el envio en Internet, aparte del texto o información a transmitir propiamente dicha, constaban también de de una cabecera o prólogo y una cola o final, parte del mensaje que si entendían los torreros y en la que se se indicaba la categoría del mensaje (ordinario, de servicio interior, urgente, ...), el número de la estación o torre originaria del mensaje, el número de la torre destino, seguido de la hora y el día, el número de registro del despacho, y las útimas cifras indicaban la extensión del texto. Si había alguna incidencia en la transmisión, era aquí donde la reflejaban los torreros, como podía ser que se empezaba a restransmitir a tal hora o que en la torre X se retrasa por tal causa, .... A parte de los telegramas de texto, se cursaban también otros de servicio, como notificaciones de incidencias, acuses de recibo, e incluso otros sin texto para ver si algún torrero no estaba, o la línea estaba cortada en un punto, o para ver cuáto tiempo se tardaba en recorrer la línea, con lo que este tipo de telegramas obligaba a los torreros a estar vigilantes y atentos al servicio. Todo lo relativo a esta información constaba en la Instrucción General para el servicio de transmisión del que disponían los torreros. Y los códigos transmitidos como texto eran interpretados viendo el Diccionario Telegráfico, cosa que solamente lo hacían los comandantes de origen y destino final, que eran los que cifraban los textos y se los daban a los torreros para su transmisión. La versión de este diccionario editada en 1858, constaba de 97 folios de 4 páginas cada uno, llamadas a, b, c y d. En cada página había 50 filas y en cada fila 5 columnas. Los términos que constaban en el diccionario eran por tanto 97.000 expresiones, y para identificar una expresión se necesitaban 6 cifras, a saber, 2 para el folio (eran 97), 1 para la letra de la página (eran 4), 2 para la fila (eran 50 filas) y 1 para la columna (eran 5 columnas). así que multiplicando se obtienen las 97.000 expresiones dichas anteriormente. Para más información se puede consultar la bibliografía |
| © 2006 - Antonio López Hurtado | |