Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la mampostería es la obra hecha con mampuestos colocados y ajustados unos con otros sin sujeción a determinado orden de hiladas o tamaños, llamándose mampuestos a las piedras sin labrar que se pueden colocar en obra con la mano, aplicándose generalmente una capa de mortero para la unión de dichos bloques de piedra (por ejemplo en los edificios), aunque también se pueden realizar sin él (muro seco) y las personas que desempañan ese oficio se llaman mamposteros. Una manera de hacer construcciones a base de piedra, parecida a la mampostería, es la sillería y en el diccionario se puede ver que sillería es fábrica hecha de sillares asentados unos sobre otros y en hileras, llamándose sillar a cada una de las piedras labradas, por lo común en forma de paralelepípedo rectángulo, que forma parte de una construcción de sillería. Es decir, que la sillería se usaba para la construcción de edificios cuando se quería hacer una obra de más calidad, más uniforme, en bandas horizontales de sillares muy bien encuadrados, usándose mucho antiguamente en las iglesias. En distintos edificios del pueblo se pueden ver trabajos de mampostería o de sillería y como ejemplo, en la iglesia se encuentran paredes formando un tipo de sillar llamado sillarejo, hecho de piezas un tanto irregulares al estar poco labradas, sin embargo, en el ayuntamiento hay partes de fachadas formando un sillar con piezas muy regulares y bien talladas, encontrándose tapias y otros edificios hechos en mampostería seca y mampostería ordinaria, mostrándose en las siguientes fotos ejemplos de esas obras, y así en la de la izquierda se ve un sillar en el edificio del ayuntamiento, a su derecha el sillarejo en la torre de la iglesia, más a la derecha mampostería ordinaria en un muro de la plaza de la Fragua y a la derecha del todo un muro de la calle de las Eras (frente a la Tahona) hecho en mampostería seca. |
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Todas las casas antiguas del pueblo estaban hechas en piedra, y en 1949 Maximino Sánchez se puso a la tarea de construir chalets en lo que se conocía como la Colonia del Carmen, chalets que hoy se pueden ver en la calle Cañada, en la zona de Navafría, empleando a gentes del lugar para hacerlos, y es curioso ver que se trabajaba por un jornal de poco más de 3 pesetas la hora, dependiendo de la categoría laboral y los había que cobraban a 3,13 como eran los peones y los canteros nuevos y los experimentados cobraban hasta 5 pesetas por hora, pudiéndose ver en documentos de entonces, y como muestra ahí va un estadillo de horas trabajadas en una semana de diciembre de 1949 correspondiendo a las obras de cuando se hicieron esos chalets a base de piedra berroqueña, nombre que dan en España los canteros a lo que los geólogos llaman granito. |

Primitivo González, conocido como "Tivín", tuvo el taller junto a la tapia de la Cerca de la Nava, donde hoy se encuentra la gasolinera BP, recordando él los bolardos que se hicieron en su taller y que fueron colocados alrededor del edificio circular que hoy día es sede de la junta municipal de Moncloa (primitivamente iba a ser una capilla) que se encuentra junto al monumento conocido como Arco de la Victoria, a la entrada a Madrid por la carretera de la Coruña y en su taller siempre había trabajando seis u ocho personas, entre ellas Justo González, Fermín Segovia, Angel Segovia (Geli), Mariano Hernández (el del tío Amancio) y otros, siendo considerado por algunos de los que trabajaron en su taller como un labrante muy fino, maestro labrante que aprendió mucho en la Escuela de Artes y Oficios. Andrés González Prados, el "Canín" tuvo varios talleres en pueblos de la zona y el primero que tuvo en el pueblo fue en el Berrocal junto al río Navacerrada, muy cerca del molino o antigua aceña de Barrios y luego puso taller en Becerril de la Sierra, en el paseo de la Ermita, donde se encuentra hoy el cuartel de la Guardia Civil. Luego puso el taller en el pueblo y lo montó en la Cañada cerca del Polideportivo, donde ahora está el Punto Limpio, muy cerca de una entrada a la Dehesa de Arriba, trasladando luego el taller a la confluencia de las calles Bellas Vistas y Avenida de la Salud, donde montó más tarde la piscina Bellas Vistas (en 1962), y finalmente lo tuvo cerca de la carretera de Mataelpino, donde está la gasolinera BP. Allí empezó a aprender el oficio de labrante su hijo Alejandro, pero vio que ese no era su oficio y lo dejó. En sus talleres se labraron piedras para el edificio SEAT de la Castellana de Madrid, para el banco Coca, para los Nuevos Ministerios y muchas sepulturas para el cementerio de la Almudena de Madrid. Me decía Alejandro, hijo de este maestro cantero, que antes de ser labrante estuvo trabajando en las canteras de Blas, en Collado Villalba y cuando se puso por su cuenta y montó taller propio, tuvo a su hermano Felix como encargado. En la iglesia del pueblo se puede ver una de las obras que hicieron en su taller y es la capilla dedicada a la Virgen Dolorosa por encargo de Isabel Sepúlveda Antuñano, haciendo Fermín Segovia el sagrario del altar de esa capilla siendo prácticamente un aprendiz. Esteban González, hermano de Andrés, también tuvo su propio taller y estaba cerca de donde hoy está el parque de la Tejera, en la calle del mismo nombre y allí trabajaron con Esteban sus hijos Miguel, Victorio y Esteban (pelines como le decíamos los amigos), haciéndose en el taller de Esteban la capilla de la Virgen del Carmen que hay en uno de los laterales de la iglesia. En el taller que Eladio Hernando tenía en el Berrocal, junto a las vias del tren de la línea de Villalba al Berrocal, trabajaron, además de Eladio, sus hijos Carlos y Enrique y también Fermín Segovia, Angel Segovia y dos sobrinos de Eladio. En las siguientes fotos se puede ver a Eladio trabajando fuera del taller que tenía cercano a la estación de ferrocarril del Berrocal, labrando una losa para una sepultura, en este caso dando de bujarda, y en la otra se ve a Angel Segovia (Geli), Enrique el hijo de Eladio, Fermín Segovia, Eladio Hernando, su hijo Carlos y su sobrino Pepe con su mujer Delia cuando vinieron a visitar a su familia durante el viaje de novios, fotos hechas en 1964. |
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Con Petronilo empezó a aprender el oficio Fermín Segovia allá por 1950, con el que estuvo poco menos de un año, hasta que Petronilo se fue como oficial al taller de Vicente Guillén y como en esa ocasión solamente querían oficiales, Fermín, que era aprendiz, se marchó al Berrocal al taller de Andrés el "Canín" con el que dice aprendió mucho. Después se fue Fermín al taller de Cele y más tarde al de "Tivín", con el que estuvo cinco años, hasta que le tocó ir al servicio militar, trabajando al terminar la mili de nuevo en el taller de "Tivín", para marcharse junto con "Geli" (Ángel Segovia) a Cerceda al taller de Facundo Carralón, yéndose después de un año con Eladio al taller del Berrocal y acabaron trabajando juntos para gente de Madrid haciendo piezas para cementerios de la capital... También Luis Cuena aprovechó el hotel de Portela para taller (como esa casa tenía hecho el forjado del primer piso, la usaban de manera que cuando llovía estaban bajo techado), aunque estuvo con su hermano Juan llevando el taller que tuvieron en la calle Bellas Vistas junto a la tapia del hotel del Italiano (en la esquina de la avenida de la Salud y la calle Bellas Vistas). Justo García junto con Mateo López y Luis Cuena estuvieron por poco tiempo en un taller en la calle de la Huerta, donde el "tío Gallo" (Adolfo González) tenía la carnicería, que ahora es una joyería, entre al bar de Mercedes llamado Casa Juan y la lavandería, poniéndolo poco después en la zona de Navafría donde está el restaurante el Cenador de Salvador y marchándose más tarde al camino Benerejo donde pusieron el taller, cerca de la calle de las Camachas. Justo y Mateo pusieron todos los bordillos de las calles de la urbanización el Retamar trabajando con ellos Teodoro González (el mozo), Eduardo Balandín, Felipe García (Felipe el de los pastores) y Dionisio Sánchez (el divisionario). Un cantero admirado fue el tío Darío, como era conocido Darío González Sanz, y uno de sus trabajos se pudo ver en el balcón de lo que era el Casino, después bar Centro (desaparecido en 2008), balcón que llevaba una fina labor haciendo pecho de paloma. Darío junto con su cuñado Maximino Balandín (el padre de Cele) hicieron una casa que siempre llamó la atención, el hotel de Velázquez también conocido por el Hotel Azul (por las maderas pintadas en azul que tenía) y como el Estanque, aunque antes algunos le llamábamos el "estanove" pues tenía puesto en la puerta el nombre "ESTANQVE", con la Q que parecía una O y la U como una V, edificio que aún se puede contemplar en la avenida de la Salud, hecho con piedra de granito rubio sacada de una cantera de la Ladera cercana al antiguo depósito de la Ladera de Matarrubia, (el Sr. Velázquez mandó hacer ese hermoso edificio y el que tiene al lado llamado los Leones, en la época en que suministraba la madera para las obras de remodelación de la Gran Vía de Madrid, con lo que hizo buena fortuna). Basta echar un vistazo a la construcción para poder darse cuenta de los bien labradas que están las piedras, los arcos, las columnas,.. Y otra de las obras dejadas como testimonio del fino trabajo del tío Darío, en el cementerio se encuentra la tumba de Basilio Sanz Esteban y su esposa María González Sepúlveda, que tiene detalles de un trabajo verdaderamente muy bueno y se puede ver lo dicho de Darío y de Maximino en las fotos siguientes, del hotel de Velázquez y de la tumba dicha. |
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Como en cualquier parte, se gastaban bromas y los que llegamos al pueblo cuando éramos unos chavales sufrimos las que gastaban los labrantes a los pardillos y recuerdo, cuando fui con un grupo de amigos a ver el taller de Cele, cómo los labrantes se comunicaron a voces con los del taller de Primitivo (Tivín) y éstos les dijeron que les llevaráramos la "escuadra de sacar rincones", advirtiéndonos que tuviéramos mucho cuidado ya que era una pieza muy valiosa, con lo que nos hicieron llevar de un taller a otro envuelto en un saco esa valiosa pieza, y al llegar descubrieron entre risa y alborozo la broma que nos habían gastado, sacando un buen cacho de piedra que nos habían hecho acarrear. Los labrantes cambiaban a menudo de taller y pienso que era motivado porque el trabajo era a destajo, ya que los remitentes de piedra enviaban material a los talleres y los que regentaban éstos, valoraban el trabajo a hacer a una piedra y las gentes aceptaban o se iban a hacer otro trabajo, aunque los maestros canteros sabían bastante bien a quién tenían que ofrecer cada trabajo dependiendo de la dificultad de la obra a hacer y de la habilidad del labrante. En el pueblo se usa la palabra remitente pero pienso que se debía decir rematante, que es la persona a quien se adjudica la cosa subastada, según se puede ver en el diccionario de la Real Academia, y es que normalmente se subastaban los trabajos en piedra, de ahí que se deba decir esta última palabra. Hubo en el pueblo una persona muy emprendedora que fue un empresario dedicado a la piedra berroqueña, el cuál dió trabajo a mucha gente, del pueblo y forasteros, tanto en el propio pueblo como de los pueblos de alrededor, pues además de talleres donde se tallaba la piedra, se dedicaba a la explotación de canteras para extracción de bloques de la misma, y como ejemplo hay que citar el taller que tenía arriba de la cuesta de la carretera a Mataelpino, en el kilómetro 1, donde las curvas de la huerta de Escalada, taller donde llegaron a trabajar hasta cincuenta personas, y ese empresario fue Celedonio Balandín Segovia. En las fotos que se muestran a continuación se puede ver el taller de Cele, como era conocido por la gente del pueblo, y se aprecia un buen número de operarios trabajando en él. |
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El primer trabajo que hizo Cele fue el poner bancos de piedra en las zona donde se encuentran las caballerizas del palacio Real, y luego siguieron otros trabajos, así que hubo momentos en los que empleó a cerca de cien personas entre labrantes y canteros trabajando en los talleres y en la cantera llamada "el Lanchazo". Recordaremos obras en las que estuvo haciendo trabajos, como fueron en la fábrica Femsa, en el Ministerio del Aire (que hoy día es el Cuartel General del Aire al haber desaparecido dicho Ministerio), en la Casa de la Moneda que se hizo nueva junto a la calle del Doctor Esquerdo y Jorge Juan donde soló de piedra los patios interiores, en Cuelgamuros donde el Monasterio del Valle de los Caidos, en la fábrica Pegaso, la plaza de los Delfines, ... y fuera de Madrid, por ejemplo, en la plaza de Béjar donde tuvo trabajando a su hermano Rafael (patinete) y a Gonzalo Segovia (veneno). En la piscina que hizo hacia 1957 también empleó mucha piedra para solado, bordes, brocales de pozos, mesas y bancos,... y muchas otras cosas. En las siguientes fotos se puede ver a "Cele" en su taller del pueblo, dicho anteriormente, y en la foto de la izquierda se le ve encima de una columna de las que hizo para el edificio de la delegación del Banco de España en Albacete, columnas que llevó allí en su camión marca International conducido por Julián Escalada, pero tuvo que volver a traerlas pues las querían hechas en tres piezas, y esas columnas están hoy día colocadas a la entrada de la piscina Roseles que construyó en el pueblo, piscina que fue pública y muchos recordamos los buenos ratos pasados en el agua y en las fiestas veraniegas de las clásicas "noches del buho rojo", siendo hoy día piscina privada. Además del camión dicho antes, tenía otro ruso de marca ZIS, que en caráteres cirílicos es parecido a "3HC" y la inventiva española le decía el "Tres Hermanos Comunistas" por la similitud del anagrama de la marca con las iniciales de las tres palabras de dicha frase, y también era conocido como "el ruso", camión que conducía Luis Domínguez conocido por los amigos por el apodo de "Cogucho". En la otra foto se le ve junto a un montón de piezas ya labradas preparadas para ser expedidas a las obras de destino. |
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![]() En la travesía de las Eras estuvo el taller de Vicente Guillén en el que estaba de encargado Baldomero González (que luego se quedó con el taller), llegando a trabajar en él hasta 21 personas tallando piedra para el Valle de los Caidos, la plaza de toros de Pamplona y después para los Nuevos Ministerios, entre ellos Mateo López, Angel Segovia, José Estévez ... y en 1958 Manolo el hijo de Baldomero empezó como aprendiz pasando después a trabajar también en las obras de Cuelgamuros. Tenían tres camiones en los que transportaban la piedra, dos Pegasos de los primeros modelos, chatos y con el volante a la derecha y un "3HC" conocido como el ruso. Justo García (baturro) siguió con el taller de Guillén allí en la travesía de las Eras y Baldomero se quedó a trabajar en el taller con Justo. Fernando Maroñas fue otro de los labrantes que tuvieron taller en el pueblo junto con Genaro Azañedo y concretamente en la travesía de las Eras enfrente del taller de Vicente Guillén, siendo el responsable de tallar las piedras de la capilla que hay más cercana al altar mayor en el lateral de la iglesia, dedicado hoy día al Sagrado Corazón de Jesús y que anteriormente estuvo dedicado a la Inmaculada Concepción, obra encargada por las mujeres de la hermandad de "hijas de María". Me contaba Agustín López, hijo del que fuera guarda forestal, el Sr. Agustín, que empezó trabajando para Saez (persona que hizo tres casas que estaban donde está el aparcamiento y de las que solamente queda una), haciendo losas en la Ladera para ponerlas en la Universidad y junto con Angel Segovia (Geli) estuvo haciendo nichos en la cripta de la Almudena, rehabilitando también el altar de dicha cripta pues tenía muchas piedras estropeadas y estuvo con Alfonso Segovia haciendo el solado de piedra colorada que hay a la entrada de la Almudena donde está la estatua de Juan Pablo II, trabajando también en la plaza de la Villa, en el Teatro Real (el pasamanos), en las escaleras del hotel Ritz, el Seminario... Los canteros arreglaron la iglesia de Moral en 1953, colaborando de manera que todos trabajaron gratuitamente y como ejemplo, hay que decir que Cele regaló la losa para hacer el ara o altar así como el trabajo de labrarla, y los canteros menos expertos hicieron las piezas de menor dificultad, habiendo gentes que colaboraron de otra manera, que fue llevándoles aperitivos a los labrantes ya que se hicieron los trabajos en domingos. La rehabilitación de la iglesia se hizo con motivo del deterioro sufrido en ella con ocasión de una tormenta con vendaval que ocurrió en el verano de 1951 y mientras se estaba reparando, los oficios religiosos se celebraban donde estaba la escuela de las chicas, en la calle de la Iglesia, que posteriormente albergó la casa del médico y la clínica, recordando algunos, como me dijo Luis Guillén (el churrero), que se celebró allí la ceremonia de la primera comunión, pudiéndose ver en la foto siguiente, obtenida al poco de terminar la reparación, la labor desarrollada por los voluntarios.
Guillermo Balandín hizo la pieza en la que va encastrado el sagrario, con la dificultad que entrañaba el hacer el vaciado, pues el golpear a base de puntero suponía un peligro que podía provocar que se rompiera lo hecho hasta entonces, así que la pieza fue rebajada poniendo mucha atención y cuidado y como el hueco tenía unas dimensiones limitadas, no permitía manejarse al labrante con facilidad pues no cabían las manos con la maceta y el puntero, así que hubo que ingeniarse el labrar la piedra a base de punteros con una longitud inusual en esas herramientas que las preparaba el herrero Pablo de Antonio Berrocal. Alfonso Segovia hizo las columnas que van encima de esa pieza y la cúpula del conjunto, empleando 8 jornadas en hacer esa labor y me contaba Alfonso que realizando las bolas que separan las columnas y la cúpula, su hermano Emilio tenía que sujetarlas con los pies para poder labrarlas. Un hermano de ambos, Ricardo Segovia, colaboró también haciendo el dibujo del diseño del frente del altar o retablo para plasmarlo en piedra. Por aquellas fechas estaba prohibido trabajar en domingo, pero como eran tiempos difíciles y había que llevar el sustento a la familia, no se podía dejar el trabajo que daba el jornal para casa, así que las labores para hacer lo que es el altar y el frente o retablo al que iba adosado, además del solado del interior de la iglesia, se hicieron en domingo y fue el párroco de entonces, D. Pedro García, el que pidió a la Guardia Civil que no denunciara a los voluntarios que hicieron esa obra. Aparte de esa labor, que tiene piezas que denotan el buen saber y hacer de los labrantes del pueblo, destacando las del sagrario, después hicieron por encargo y con remuneración las capillas laterales, y así la capilla de la Virgen de Fátima la hizo Alfonso Segovia por encargo de una persona llamada Alfonso, veraneante que estuvo viviendo en casa de la señora Saturia, y la cruz de piedra que alberga al Cristo crucificado que hay junto a la anterior, encargo hecho por Moisés González y su esposa Isabel Sepúlveda Antuñano, fue la última obra en piedra que hizo su hermano Emilio ("Mili" para sus amigos), y la portada de entrada a la iglesia fue hecha por varias personas .... En las siguientes fotos se ven las piezas hechas por Guillermo Balandín, la que acoge el sagrario y a la derecha las hechas por los hermanos Segovia, Alfonso y Emilio. |
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Alfonso siguió el oficio de su padre Julián Segovia González, que en un principio se dedicaba a sacar piedra de la cantera de gabarro de la Dehesa Nueva, luego a sacar piedra de las canteras de granito para hacer adoquines y bordillos y más tarde siguió como muchos convecinos trabajando como labrante, pero en labores más finas. Cuando era un chaval, Alfonso llevaba la cesta con la comida a su padre que trabajaba en el Berrocal y una vez que estaba allí se quedaba por la tarde a trabajar y así empezó a aprender el oficio, llegando un día en que puso su propio taller, al principio en el Berrocal y después en la Tejera, junto al arcillero y cerca de la tapia de la Viña. Todas estas cosas me contaba Alfonso y me enseñó con orgullo la maceta que usó su padre en el trabajo, con las iniciales grabadas JS y con la que golpeaba el puntero y la uñeta. En la foto que sigue se ven las personas que componían el grupo de labrantes en el taller que había en El Berrocal al lado del arroyo Matalebrillos, taller que tenía Cándido Martín (de Becerril de la Sierra, pariente de Gregoria Martín la mujer de Marceliano Moral el carretero de Moral), entre los que se aprecia, empezando por arriba y de derecha a izquierda, a Gregorio López (Goyo el del forestal Sr. Agustín, conocido por los amigos como "alcahués") y Domingo Blanco González, (el hijo de la tía Chon); más abajo Patricio López Martín, Fernando Segovia (Tajás), Alfonso Segovia, Emilio Pascual (Pulguina), Ricardo Segovia, Saturnino Estévez (Satur), Mateo López (con gafas, conocido por Mateín), Luciano Martín (conocido como Frascuelo de Becerril), que era el que les llevaba la piedra y sentados están Justo González (el de Josefa la Pajera), Saturnino López Martín (el Nini), Miguel Morato, Anastasio Reguera (Tasio, agachado) y Carlos Martínez (Carlines), foto hecha hacia 1955. ![]() Una vez que Alfonso puso el taller, lo tuvo durante 30 años y al tiempo de regentarlo, se dedicó a hacer obras de restauración que se prolongaron a lo largo de 25 años. Al principio de tener el taller, hacía, entre otras cosas, piezas para la catedral de Madrid, la Almudena, y las mandaba desde el pueblo a la obra de construcción de dicha catedral que estaba a un ritmo de trabajo muy bajo, piedras que tuvo que colocar posteriormente en la fachada que da a la calle Bailén con su cuadrilla de operarios cuando empezó a trabajar en la que fue fase final de la construcción de esta iglesia llamada de Santa María la Real de la Almudena, sede episcopal de la diócesis de Madrid, construida en piedra de Novelda, de la provincia de Alicante, y de granito de las canteras del Berrocal y zonas próximas, y como muestra de ello se ve dicha fachada lateral en la foto que sigue, zona donde se encuentra la puerta de acceso que es usada a diario por fieles y visitantes, una buena obra de sillería. ![]() A las labores de construcción de la iglesia, estuvo dedicado de continuo durante los últimos 8 años de su vida profesional, jubilándose en 1994, más tarde de la edad correspondiente, debido a que no quiso dejar sin acabar la obra que había empezado, dedicándose desde que se jubiló a la labor de trabajos manuales con distintos materiales como cerámica, cartón, papel, madera, ... teniendo maquetas hechas de distintos edificios emblemáticos del pueblo como el ayuntamiento, la plaza de toros, el hogar de los mayores, ... y casi todas las tiene mecanizadas y con instalación eléctrica para iluminación y movimiento de partes de las mismas, y además ha compuesto puzles como el de la capilla Sixtina que con más de 8000 piezas le llevó unos 8 meses de trabajo el componerlo durante sus ratos libres. Tenía su oficina de obras montada en una de las capillas laterales, donde guardaba planos, herramientas y distinta documentación. Cuando se visita ahora no se imagina uno la labor desarrollada por los operarios que dirigía Alfonso, pero se puede ver el trabajo dejado por el grupo de "artistas" que tuvo a sus órdenes cuando se contempla lo hecho. Para ejemplo se pueden ver a continuación varias fotos del desarrollo de algunas de las piezas que se pueden ver en la nave central y en la barandilla del coro, hechas en piedra de Novelda y que también aparecen en el libro de artesanos madrileños tradicionales, en el que aparece Alfonso como maestro de talla en piedra, en la de la izquierda se ve un rosetón de tres flores en el suelo de la iglesia y en la de la derecha tal como se ve ya colocado en la pared de la nave central. |
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![]() Visto arriba el bloque de piedra en bruto, ahora se ve aquí abajo el resultado del trabajo, la corona ya labrada en el suelo del taller y la misma colocada encima del escudo de una de las torres del edificio de la Plaza de la Villa. |
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En la Rioja, concretamente en el pueblo de Cañas, realizó con su equipo de operarios trabajos de restauración en la iglesia de Santa María del Salvador de Cañas y en el monasterio adjunto que sirve de hogar a las monjas benedictinas cistercienses, rehabilitando el ábside que es de estilo gótico cisterciense y resolando el claustro que tiene doce portadas de estilos románico, gótico y mudéjar. Tanto al maestro como su grupo de trabajadores pasaron muy buenos ratos en ese pequeño pueblo riojano que apenas alberga 150 habitantes, donde pudieron degustar el buen vino de la zona y hartarse de lupios (zarcillos de la planta nueza negra o Tamus communis) ya que los nativos no los comían. Una obra que recuerda, por lo pesada, fue la del calado hecho a la muralla de León, que le costó mucho trabajo porque estaba hecho a base de cal y gorrones, muralla en la que tuvo que calar 3 metros de espesor para hacer un paso para los peatones, ya que antes de ello tenían que pasar junto a vehículos, con el consiguiente riesgo que había de accidentes. Además, en el cementerio de Moralzarzal tiene colocadas 37 tumbas con sus correspondientes lápidas y un buen número de placas en los nichos. Y en las fotos que siguen se puede ver a Alfonso mostrando el libro Madrid hecho a mano en el que aparece un apartado sobre su trabajo realizado en la Almudena (se ve una foto de un capitel hecho por Angel Segovia, "Geli") y a la derecha parte del texto del artículo dedicado a él en dicho libro, editado por la cámara de Comercio e Industria de Madrid, acreditándole como artesano, y pienso que los "cebolleros" nos tenemos que sentir orgullosos del reconocimiento hecho a Alfonso por su labor, reconocimiento que se puede ver al leer el artículo que se le dedica en dicho libro. |
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Hoy ya no quedan apenas canteros, y los trabajos que realizan suelen ser para chapado de paredes o colocación y ajuste de las piezas traidas de los talleres automatizados que se dedican a fabricar las piedras que antiguamente se hacían a mano. En recuerdo de esas personas que trabajaron en la piedra y como reconocimiento a la labor que desarrollaron a lo largo de tantos años, en mayo de 2003 se levantó un monumento en homenaje y como recuerdo a los canteros del pueblo, que está colocado en la plaza de la Iglesia, consistiendo en un monolito en forma de paralelepípedo de sección cuadrada que contiene en una cara la inscripción que se ve en una de las fotos siguientes y en las otras tres caras se representan tres fases de elaboración del escudo del pueblo, desde un primer boceto hasta verlo terminado, y pienso que es de ley que se haya hecho ese monumento rindiéndoles homenaje aparte de por las obras que que realizaron a lo largo de tantos años y que han quedado como testigo de su buen hacer, también porque muchos de los que trabajaron en esa labor padecieron no ya golpes y heridas que les afectaron a la vista sino que algunos acabaron con la enfermedad de la silicosis, la cual afecta a los pulmones y dificulta la respiración a consecuencia de la inhalación prolongada de compuestos que contienen sílice cristalina, en esta caso desprendida de las piedras al labrarlas. |
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| © 2006 - Antonio López Hurtado | |